Reacciones: el Tratado de los Océanos sale adelante tras más de quince años de negociaciones

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Este acuerdo es un gran paso hacia otros que debieran pisar con más fuerza. La degradación del hábitat, la explotación insostenible de los recursos, la contaminación, las especies invasoras y la emergencia climática amenazan la diversidad de la vida en el océano y con ella, los servicios que nos presta. Hoy en día nos enfrentamos a desafíos globales que amenazan la salud de los ecosistemas marinos, la biodiversidad y, por tanto, nuestro propio bienestar. Muchos de estos retos deben ser tratados desde varios ángulos. El océano no tiene puertas, no tiene fronteras. Si se crean áreas marinas protegidas, pero no se reducen las presiones antropogénicas en áreas adyacentes, el impacto llegará. Y llegará, y el ser humano olvidará, porque el ser humano transforma el mundo y, con el tiempo, perdemos un conocimiento importante sobre el estado del mundo natural. 

Además de las áreas protegidas, el acuerdo también presta especial atención al desafío del acceso a recursos genéticos y distribución de beneficios, estableciendo un mecanismo de acceso y participación para una participación justa y equitativa. Será clave la conformación de un grupo de personas con la capacidad de llevar a cabo este mecanismo de la forma más eficaz y comprometida, sin dar cabida a conflictos de interés.  

También reciben especial atención los mecanismos para la realización de evaluaciones ambientales con el fin de realizar un uso sostenible de los recursos de las áreas fuera de la jurisdicción nacional, clave para el presente y futuro cercano. Otro de los elementos principales es la creación de capacidad y transferencia de tecnología marina; será importante definir los mecanismos concretos para una puesta en marcha eficiente. Asimismo, habrá que definir cómo la Secretaría UNCLOS va a conectar de forma eficaz con otros organismos afines (por ejemplo, IOC-UNESCO, IMO, UNEP, entre otros) que por la naturaleza de sus misiones pueden aportar mucho en los diferentes procesos, y no dejarlo en una “posible cooperación”.  

El acuerdo reconoce el “deseo” de proteger el medio marino y garantizar su uso responsable manteniendo la integridad de los ecosistemas. Sería conveniente que, más que un deseo, fuera un compromiso.  


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