Reacciones: las aves pierden diversidad morfológica debido al cambio climático

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La extinción de especies es un hecho irreversible que no solo reduce la biodiversidad global, sino que también contribuye a aumentar la homogeneización biótica y a alterar el funcionamiento de los ecosistemas. En este nuevo estudio, Emma Hughes y colaboradores se preguntan qué pasaría si las especies de aves que actualmente están amenazadas se acaban extinguiendo. ¿Se reduciría la diversidad funcional y filogenética? ¿Aumentaría la homogenización biótica?  

Responder a estas cuestiones es, en teoría, simple; solo requiere estimar los distintos componentes de la biodiversidad para todas las especies y compararla con la que se esperaría si se extinguen las especies que actualmente están más amenazadas. En la práctica, la tarea no es nada fácil, empezando por la necesidad de obtener información de rasgos funcionales para un número suficientemente representativo de especies. 

El presente estudio se basa en información morfológica y filogenética de más de 8.400 especies de aves, lo que representa cerca del 85 % de las especies que actualmente viven en el planeta. Mediante el análisis de esta ingente cantidad de datos, el estudio encuentra resultados intrigantes. Por un lado, no se detecta pérdida de diversidad filogenética, es decir de historia evolutiva. Este resultado es, a primera vista, inesperado, ya que sabemos que algunas propiedades que protegen a las especies de la extinción —como la estrategia vital o la plasticidad de comportamiento— están conservadas evolutivamente. Y también existen evidencias de que las alteraciones drásticas de los hábitats naturales tienden a eliminar las especies evolutivamente más singulares y a favorecer aquellas que pertenecen a grupos con mayor éxito evolutivo. 

Por otro lado, el nuevo estudio revela que la extinción de especies amenazadas conduciría a una pérdida de diversidad morfológica mayor de la que esperaríamos por azar. El impacto se espera que sea más importante en algunas regiones del planeta que en otras, pero la predicción es que la morfología de las especies de distintas regiones se parezca cada vez más. Dicho de otro modo, la extinción de especies amenazadas favorecería todavía más el proceso actual de homogenización biótica, un proceso que también tiene que ver con las invasiones biológicas y que ha sido ampliamente documentado en estudios previos.  

La importancia de la contribución de Hughes y colaboradores está en demostrar que las actividades humanas no solo reducen el número de especies, sino que también tienen un gran potencial para eliminar formas de vida únicas. El trabajo no es el primero en demostrarlo, pero si en cuantificarlo a una escala y resolución sin precedentes. El estudio también identifica regiones particularmente vulnerables a perder biodiversidad como consecuencia de extinciones inminentes. 

El trabajo no profundiza en las causas de la pérdida de biodiversidad, a pesar de que sabemos que los rasgos que favorecen la respuesta a la destrucción de los hábitats no necesariamente ayudan a responder al cambio climático o la sobreexplotación. Quizás sea por la omisión de estas causas que el estudio no haya detectado perdida de diversidad filogenética. Aunque existe la posibilidad de que la perdida de diversidad morfológica altere la resiliencia y resistencia de los ecosistemas, también me queda la duda de hasta qué punto los rasgos estudiados tienen implicaciones para el funcionamiento de los ecosistemas. 


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