Cuatro ojos en el cielo nocturno para estudiar el universo

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Crédito: ESO/Juan Carlos Muñoz Mateos

Los cuatro telescopios auxiliares del Observatorio Paranal de ESO se pueden ver mirando hacia el cielo nocturno. Con cielos oscuros y prístinos, Paranal es uno de los mejores lugares de la Tierra para estudiar el universo. Como se ve en esta espectacular imagen, la vista está realmente llena hasta el borde de cosas emocionantes para mirar.

Por ejemplo, eche un vistazo más de cerca a la derecha de la banda de la Vía Láctea, a las dos nubes que parecen fuegos artificiales galácticos. Estas son las Nubes de Magallanes Grande y Pequeña, galaxias enanas que están atrapadas por la gravedad de la Vía Láctea. En lengua mapuche en el centro-sur de Chile se les conoce como lafken, labken o künchalabken («las lagunas»), y también rünanko («los pozos de agua»). 

Mirando más cerca del horizonte vemos sutiles tonos de verde y rojo, pero ¿qué es? Esto se llama luminiscencia aérea y es una luz tenue emitida por átomos y moléculas en la atmósfera. Esto puede suceder a través de varios mecanismos, como la interacción con la radiación solar o las reacciones químicas entre moléculas. El resplandor verde proviene de los átomos de oxígeno, mientras que el rojo se debe tanto a los átomos de oxígeno como a las moléculas de hidroxilo.


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