El dinosaurio Psittacosaurus atacado por el mamífero Repenomamus robustus

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'Repenomamus robustus' ataca a 'Psittacosaurus lujiatunensis' momentos antes de que un flujo de escombros volcánicos los sepulte a ambos, hace unos 125 millones de años. Copyright 2023 Michael W. Skrepnick / Museo Canadiense de la Naturaleza

Un grupo de investigadores canadienses y chinos ha descubierto los restos fosilizados de una especie de Psittacosaurus en el momento de ser atacado por un mamífero de menor tamaño, hace 125 millones de años. Los autores sugieren que los yacimientos de Lujiatun, en China, podrían aportar más pruebas sobre ecosistemas e interacciones entre especies.

Un mamífero extinto parecido a un tejón que vivió durante el Cretácico, fue depredador de dinosaurios herbívoros de tamaño considerablemente más grande. Así lo indica un estudio de científicos canadienses y chinos, publicado en la revista Scientific Reports.

El equipo ha descrito el hallazgo de un inusual fósil que muestra el dramático momento en el que un mamífero carnívoro ataca a un dinosaurio herbívoro de mayor tamaño. Los restos, que datan de hace unos 125 millones de años, se conservan ahora en las colecciones del Museo escolar Weihai Ziguang Shi Yan, en la provincia china de Shandong. 

“Encontramos los restos enredados de un dinosaurio y un mamífero de menor tamaño en los yacimientos de Lujiatun, en la provincia china de Liaoning”, comenta a SINC Jordan Mallon, paleobiólogo en el Museo Canadiense de la Naturaleza y coautor del estudio. “Este fósil revela un intento de depredación por parte del mamífero, que fue frustrado rápidamente por un desprendimiento de lodo volcánico hace 125 millones de años”, subraya.

El descubrimiento de estos restos pone en entredicho la creencia de que los dinosaurios apenas se viesen amenazados por sus contemporáneos mamíferos durante el Cretácico, periodo en el que los primeros eran los animales dominantes.

Según el científico, en términos generales, “las interacciones dinosaurio-mamífero durante la Era Mesozoica no eran simplemente unidireccionales, es decir, los dinosaurios más grandes no se comían simplemente a los mamíferos más pequeños”.

Los restos del dinosaurio pertenecen a una especie de Psittacosaurus, del tamaño aproximado de un perro grande. Estos herbívoros se cuentan entre los primeros dinosaurios con cuernos que se conocen, y asimismo, se estima que vivieron en Asia durante el Cretácico Superior, hace entre 125 y 105 millones de años.

El mamífero de la pareja de fósiles se corresponde con un animal que se parece a un tejón, denominado Repenomamus robustus. Aunque en comparación con los dinosaurios no es tan grande, se trata de uno de los mamíferos de mayor tamaño del Cretácico, una época en la que estos animales aún no dominaban la Tierra.

Tal como se aprecia en el nuevo fósil, “a veces, los pequeños mamíferos como Repenomamus (con un peso de 3-4 kg) podían suponer una amenaza para los dinosaurios casi adultos: nuestro ejemplar de Psittacosaurus solo pesaba unos 10 kg”, según el científico.

Antes de este descubrimiento, los paleontólogos sabían que esta Repenomamus devoraba dinosaurios, “La coexistencia de estos dos animales no es una novedad, pero lo que es nuevo para la ciencia es el comportamiento depredador de este mamífero, como vemos gracias a este asombroso fósil”, señala el coautor del estudio.

“Lo que más nos sorprendió fue el hecho de que el mamífero, —más pequeño que su contrincante—, tuviera la osadía de atacar a un dinosaurio tres veces más grande, según la masa corporal estimada”, explica. No obstante, “hoy en día los mamíferos que cazan en manada pueden cooperar para abatir animales mucho mayores que ellos, aunque no tenemos pruebas para evidenciar que Repenomamus fuera un cazador en manada”, apunta el investigador. Además, “a veces, incluso los cazadores solitarios pueden derribar grandes presas, como es el caso de los lobos que cazan renos”, agrega.

A la pregunta de si esta evidencia podría deberse a un momento de caza puntual o bien a un hábito común entre este tipo de mamíferos, Mallon considera que estos no cazaban grandes dinosaurios con regularidad, en todo caso, presas más pequeñas que ellos (incluso crías de Psittacosaurus). Sin embargo, “sí puede ser que cazasen animales más grandes en una situación de hambre o desesperación”, sostiene el investigador.

Evidencias de comportamiento depredador

Los autores descartan la posibilidad de que el mamífero fosilizado objeto del estudio estuviera simplemente husmeando la carroña de un dinosaurio muerto. Según explican, los huesos del dinosaurio no tienen marcas de dientes, lo cual sugiere que no estaba siendo comido por un carroñero, sino más bien depredado. Tampoco es probable que los dos animales se hubieran enredado tanto si el dinosaurio hubiera muerto antes de que el mamífero se le echara encima. Además, la posición de uno sobre el otro indica quién era el agresor.

En el mundo moderno se conocen analogías de animales más pequeños que atacan a presas más grandes. En este sentido, como sostienen los investigadores, se sabe que algunos lobos solitarios cazan animales más grandes, como caribúes u ovejas domésticas. Por otro lado, en la sabana africana, perros salvajes, chacales y hienas atacan a presas aún vivas, que se desploman, a menudo en estado de shock.

Precisamente, “este parece ser el caso que se representa en el fósil, en el que el Repenomamus se comió al Psittacosaurus cuando aún estaba vivo, antes de que ambos tuvieran el rocambolesco desenlace”, como señala Mallon.

La Pompeya’ de los dinosaurios de China

El enigmático fósil, que fue recogido en la provincia china de Liaoning en 2012, se encontró en buen estado de conservación puesto que ambos esqueletos están casi al completo. Su integridad se debe a que proceden de una zona conocida como los yacimientos fósiles de Lujiatun, que han sido apodados «la Pompeya de los dinosaurios de China”.

El nombre hace referencia a los numerosos fósiles de la zona pertenecientes a animales que quedaron sepultados repentinamente en masa por aludes de lodo y escombros tras una o varias erupciones volcánicas: dinosaurios, pequeños mamíferos, lagartos y anfibios.

Finalmente, dado el alcance de la antigua actividad volcánica en la región, los autores especulan con que esta zona podría convertirse en una importante fuente de pruebas científicas y proporcionar más información sobre el ecosistema del Cretácico.

Paco Gil
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