La cara del primer europeo sorprende a Atapuerca

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Los homínidos nunca vivieron dentro de la cueva de la Sima del Elefante, en Atapuerca. Por eso, todos los restos y fósiles que descansan en sus entrañas llegaron allí por azar, a través de su descomposición y su posterior filtrado a los sedimentos gracias a las riadas. Algo que explica la tremenda sorpresa que se ha llevado el equipo de arqueólogos al descubrir la “increíble” cara del primer europeo.

El nuevo fósil humano presentado la semana pasada en una rueda de prensa histórica no es significativo solo por su edad, sino porque posiblemente explique el origen de la cara moderna y ponga fin a una discusión que se plantean los antropólogos. “Hasta ahora se pensaba que cuanto más antiguos fuesen los restos, más diferente serían a nuestra cara actual”, pero el descubrimiento en Atapuerca podría apuntar a lo contrario.

Los Homo sapiens tenemos una depresión en el pómulo distinta a la de otros eslabones del género. Los neandertales, que vivieron entre hace unos 300.000 y unos 28.000 años, por ejemplo, no tienen esta característica. Pero sí se observó en un ejemplar mucho más antiguo. Era 1994 cuando apareció en las cuevas de Gran Dolina el maxilar de un individuo inmaduro que, al ser limpiado, se desveló como la mitad de la cara de un homínido con una morfología inesperada. En lugar de un rostro de aspecto primitivo, «ese homínido de 800.000 años tenía partes de la cara muy similares a las nuestras», una incógnita que creó una nueva especie del género Homo en 1997: el Homo antecessor.

Ahora, los restos recogidos en la Sima del Elefante, aún más antiguos, podrían para dar respuesta al por qué de la incongruencia de antecessor y, por ende, profundizar en el origen de un semblante similar al del ser humano moderno.

La excavación del cuadro en el que se encontró el fósil todavía continúa y es posible que se desentierren nuevos fragmentos y que se añadan a la reconstrucción. 

De hecho, al principio solo se obtuvo la mandíbula, pero luego se completó con un pedazo de pómulo. Los nuevos trozos, sin embargo, no tienen por qué ser únicamente humanos. Otros, como los de las herramientas, servirán igualmente para afinar todo lo posible la antigüedad del espécimen. Una vez finalice la reconstrucción, procesar las muestras en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos llevará en torno a un año y medio o dos años, cuando se obtendrán respuestas concretas.

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